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Historias de amor de gente común -Carlos- Recuerdan el cuento de Laura?
Charlando con Pato me desafió a escribir la otra cara de la moneda, la vista del sufrimiento masculino.
Si todos entendemos que los problemas de pareja, lo sufren ambos y los dos tienen responsabilidad en sus actos, entenderemos mejor las dos Historias de amor de gente común...
Según Pato, le gané el desafío...
Saludos
Gus
Carlos era un Contador Público Nacional bonachón, un tipo querible por todos, simpático y dicharachero, con la carga emotiva de los fanáticos de Racing y con sus desiluciones. Amigo del bar de la esquina y sus parroquianos taciturnos amantes del billar y las largas charlas, cultivaba amistades añejas y sabias, pero ninguno lo conocía como Abel.
Un viernes por la tarde, entró arrastrando los pies sobre los cúmulos de hojas caídas de los plátanos de la calle, con su inefable cartera llena de papeles y planillas, se sentó junto a la ventana con la mirada perdida y las cejas arqueadas. Abel ni bien lo vio, notó en su amigo una pena, largó el taco de billar y pidiendo disculpas a su contrincante, se fue a sentar con él.
- Y ahora en qué kilombo te metiste Carloncho? Por Dios que cara tenés! estás todo desalineado, barbudo, jamás te vi así, dale, che, largá el rollo...
- No sabes Abel, estoy desesperado - mientras apuraba su trago y solicitaba a Cachito, el mozo, una ronda para compartir con su amigo - hace ya un tiempo, conocí a una minita, muy bonita y pechugona, con la sonrisa más dulce y cariñosa que he sentido en mi vida.
-Sos la primera persona a la que le cuento esto, pero es la desesperación y la necesidad de hablarlo con alguien y en vos hermano del alma confío y con pocas palabras quiero que conozcas a Laura, quizás el gran amor de mi vida - Cachito, otra vuelta-. Como es de suponer, yo blanqueé mis situación enseguida, le dije que era casado, pero le mentí igualmente, le dije que mi matrimonio se estaba yendo a pique, esa mentalidad masculina que nos obliga a esas mentiras para sacar partido de una situación. Ya se, estuve mal, pero por miedo de perderla dejé que esto continuara y quedé enredado en esta maraña. Laura venía de una separación y yo le puse el hombro y la consolé. No tenía ni idea de lo que se sufría con una separación, jamás lo había experimentado en carne propia.
- El placer de lo prohibido nos arrastró a un romance plagado de felicidad. Los e-mail, los almuerzos, las largas llamadas telefónicas, todos teñidos por un amor que me hicieron sentir mariposas en el pecho, como cuando tenía 15 años. Mónica nunca sospechó nada, es más, desde que comencé mi relación con Laura, es como que nos entendemos mejor, hay mucha más dulzura en su trato, por lo que tengo que suponer, que el causante de esto soy yo y mi estado de ánimo, que veo todo con una luz especial.
Abel fumaba pucho tras pucho, escuchando atentamente y asintiendo el relato de su amigo sin decir nada, sin sacarle la vista de los ojos.
- Laura me presionó para que dejara a mi mujer. Lo primero que me se me ocurrió fue decirle que no quería cometer un error imperdonable, darle una oportunidad a Mónica y que me diera un poco de tiempo...
Se puso loca, me dijo que no podía haber esperanza alguna entre los dos y que ella no podía esperarme en el banco de suplentes; me pidió que no la llamara ni le escribiera jamás un e-mail. Un beso en la mejilla selló un adiós frío y desgarrador.
- Cachito, trae otra pero esta vez con una picadita que nos estamos haciendo un agujero en la panza - fue lo único que se le había escuchado decir a Abel.
- Fue una puñalada. -continuó Carlos - Me sentí la basura más grande que hay sobre la tierra. Los días pasaron y más hondo caía en mi angustia y mi desesperación... disimulaba en casa, el trabajo no me calmaba ni entretenía, al contrario, comencé a dejarlo apilarse y lo único que tenía en la cabeza, eran ese par de ojos pardos inundados en lágrimas y una punzada en el corazón. Solo con la bebida lograba olvidarla un rato, pero en cuanto se me iba el efecto del alcohol, volvía mil veces más fuerte su presencia en mi vida. Me moría por llamarla por teléfono, le escribí muchos e-mail que no me permití enviarle y que terminaban en el tacho de basura de la computadora, cumpliendo con su pedido de no contactarla más. Me levantaba a la media noche y revisaba el e-mail tratando de encontrar una señal de ella, no comía ni dormía... todo era tristeza, en todo la veía a ella y los seis meses de felicidad intensa que viví a su lado.
Con Moni todo comenzó a ir mal, las peleas, discutíamos hasta por la hora de la cena. Hace tres días que se fue de casa y lo más doloroso es que no la extraño, solo en mi cabeza gira la imagen de Laura.
Laura no consiguió lo que quería, pero su ausencia provocó en mi un vacío tan grande, que se precipitó mi separación y ella no lo sabe, no se lo puedo decir, debe odiarme a más no poder. Traté de olvidarla, de reemplazarla y no hay caso. Cómo la extraño!!
- Y escuchame Carlitos, y porque no se lo decís?
- Ya es tarde, le rompí el corazón y me lo tengo merecido, no quiere saber nada más de mi, todo este tiempo esperando que me abra la puerta de su corazón, porque yo no encuentro la forma, si le hubiera interesado un poco, hubiera peleado por mi, solo me dejó y desapareció hace tanto tiempo... no puedo permitirme romper mi promesa.
- No podes continuar así, sos un desastre. Al menos andá y mandale un e-mail, dale, decile que la extrañas...
Gustavo 16/2/2006
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